INSEGURIDAD
23/febrero/2010
*El libro no pierde la carrera con internet
*En el fondo, así se reproduce la cultura
“Un libro hermoso es una victoria ganada en todos los campos de batalla del pensamiento humano”. Honoré de Balzac.
Compañero de la vida. Un libro ha estado entre mis manos durante muchos años. El antecedente lo encuentro en mis primeros textos; los libros gratuitos de educación primaria. De grato recuerdo. Suma de experiencia y de emociones. Al igual que siembra de obsesiones. Son los años de la iniciación en la lectura, la herramienta óptima para el aprendizaje. Es el encuentro con las primeras letras, con los dibujos y las fotografías que bañan y embellecen las ilustres páginas. Son las historias que sorprenden. Los primeros juegos compartidos. En el salón de clase, con los compañeros. Los primeros amigos. Son de esas experiencias que se quedan, florecen y luego demandan su propio espacio.
Con los primeros libros viene la necesidad de mirar de cerca a la naturaleza; luego descubrimos los cimientos de la ciencia. Tras el encuentro con el idioma tenemos también la cimiente de la literatura. Es cuando las primeras letras comienzan a tener resonancia interna. Cuando cimbran las lecturas. Entonces las palabras toman sentido a través de la lectura. Pero más que eso: de ese modo aquilatamos la importancia de aprender. Viene la sensación y el placer de toparse con el mundo, más allá de pertenecer a una comunidad. Es como nos descubrirnos todos realizando los primeros viajes a partir de la imaginación. Es la primera utilidad, grata, que le encontramos al uso de palabras. Es como una realidad aparte que hacemos palpable sólo con el paso de los años.
Es así como descubrimos otras lenguas, otras razas. Luego aceptamos que hay personas con idiosincrasia diferente. Maneras de pensar, de ver el mundo de otro modo. Que hay países, idiomas y culturas, otras. Es la simiente de un deseo que se vuelve necesario con el tiempo: viajar para conocer más y mejor. Eso, para entender la historia que nos une. Y la cultura de los pueblos. Para saber cómo se configura un país, cómo se construye. Involucrarse en ello, por muy limitada que resulte la historia personal.
Sólo entonces la vida comienza a tener sentido. Sólo cuando trasciende su limitada perspectiva. Es cuando se adquiere el compromiso consigo mismo. Y con la gente; con su país. Y eso viene a consolidarse con los libros. Deviene el fruto de la lectura personal. La preparación inicial es la cimiente. La lectura posterior es lo que define la ruta. Lo que define incluso las inclinaciones personales. Entonces así redescubrimos lo que queremos: cuando analizamos la vida. Y luego viene la historia. Así comienzan a llegar los frutos de la imaginación. Es entonces cuando entendemos el engranaje del país, de los gobiernos, del estado de las cosas. La historia y la cultura.
Mucho se dice en nuestros días que el libro está pasado de moda. Que con la llegada de la computación y del internet el libro ha caducado. Que únicamente los viejos seguirán viviendo con la idea de consultar un libro. No se diga la impresión de los periódicos. Como si ambos, libros y periódicos impresos, quedaran únicamente para ser arrinconados en las bibliotecas. Y para registro de la historia como sinónimo de un pasado inútil.
Cierto que la red ofrece oportunidades mayúsculas. Estamos, desde el último cuarto del siglo XX, precisamente bajo la presión de la era de la computación, de las telecomunicaciones y, sobre todo, del internet. La web es un espacio —auténticamente espacial— donde se accede a verdaderos mundos de información casi instantáneamente. Y se presume que por eso el libro ya perdió toda carrera. Porque con el internet llegó el sustituto. Porque la red no tiene parangón en la historia cultural de los pueblos.
Pero no. Es ahora cuando el libro se aferra a la mano de los hombres. En primera instancia porque el internet no es de acceso libre. Las limitaciones de la red están determinadas por su propio origen: es un fruto del desarrollo tecnológico. Y en todos los países, incluso desarrollados, son pocas las personas que pueden acceder a su consulta. El poder adquisitivo merma las posibilidades de acceso a estas ventajas. Pero es como si por el hecho de que apareció el automóvil los demás medios de transporte tuvieran que desaparecer.
No ocurrió así, y no pasará con el libro bajo las presiones del internet. El libro seguirá alimentando la imaginación de los lectores. El libro seguirá en las manos de los estudiantes, por mucho que el propio sistema escolarizado incluya como parte de la preparación la utilidad del internet. Más bien que la red seguirá como lo que es hasta ahora: una gran herramienta para el manejo de la información.
Pero el libro no pierde la competencia. Y no es cuestión de edades, ni de costumbres en el uso. Es de comprensión elemental que el libro ha estado en la historia con los hombres. Porque el libro es memoria. Es archivo. Es consulta. Porque la historia se hace con en y con los libros. Es la herramienta para la consulta pausada y razonada. Es la manera de disfrutar lo mejor de la cultura de los pueblos. De esa manera se saborea un libro sobre cualquier tema. No se diga una buena novela o un gran libro de poesía.
Por eso resultan tan exitosas las exposiciones y ventas de los libros. Como la que ocurre en estos días en el Palacio de Minería en la ciudad de México. Transcurre la XXXI feria con carácter internacional. Además es un pretexto para la reunión de los escritores que se asoman para estar son sus lectores. Son momentos de intercambio de las ideas que asoman en los libros. Son instantes para el florecimiento de la cultura y para adquirir un nuevo libro. (Desde el Palacio de Minería)
Contacto: sgb33@hotmail.com
martes, 23 de febrero de 2010
lunes, 22 de febrero de 2010
Affaire panista
INSEGURIDAD
22/febrero/2010
*Conflictos: Gómez Mont, Clouthier
*Tendencioso manejo de Calderón
Nada sorprendente. Porque se trata de actitudes muy normales entre los panistas. Es lo que se desprende de las arremetidas tan disímiles desde el interior del PAN, en contra de dos distinguidos militantes y ocupantes de sendos cargos públicos por actividades o declaraciones relativas a su oficio.
Por una parte está la reacción de tolerancia y hasta de perdón que les mereció el titular de Gobernación, Fernando Gómez Mont, desde que salieron a la luz pública los verdaderos móviles que lo llevaron a pactar electoralmente con el PRI. Por la otra, el golpeteo intencional con reclamos de renuncia a la curul, que se ha ganado el diputado federal por Sinaloa, Manuel Clouthier Carrillo, por hacer declaraciones que ahora se vuelven exigencias —y apuntan directamente al presidente Felipe Calderón— de que la guerra emprendida en contra del crimen organizado no ha llegado a Sinaloa. Indirectamente los señalamientos de Clouthier apuntan el poder de la “narcopolítica” en aquél estado, y a la protección del llamado cártel de Sinaloa, con Joaquín El Chapo Guzmán a la cabeza.
A Gómez Mont lo cacharon con los dedos en la puerta por pactar con el PRI las no alianzas panistas con la izquierda rumbo a las elecciones del 4 de julio de Oaxaca, a cambio de avalar el paquete económico 2010 que incluía el alza impositiva en IVA, ISR y gasolinas y ahora pagamos todos los mexicanos. En cambio, el diputado Clouthier los agarró con las manos en la masa, porque las críticas a la estrategia antinarco apuntan directamente al corazón de una guerra fratricida y selectiva promovida por Felipe Calderón, pero que el PAN hizo suya de inmediato.
Pero hay profundas diferencias en las actitudes contra sendos personajes. Por una parte, a todos aquellos interesados en la política les resulta increíble que el secretario de Gobernación dijera que “primero pactó y luego informó” al presidente —eso fue lo que justificó su renuncia como militante del partido, un hecho de la menor trascendencia—, por la simple y sencilla razón que el propio Calderón era, es y seguirá siendo el más interesado en hacer hasta lo imposible porque el PAN siga en la disputa electoral de este 2010, premonitorio de lo que sucederá en el 2012 y porque desde el 2009 tiene perdido casi todo. En corto, los panistas han aceptado que no se toma acuerdo importante partidista alguno sin que Calderón esté enterado o avalando.
En el tema de la guerra selectiva o con destinatarios (porque se ataca a los demás cárteles en el país), a todo el mundo le queda claro que Sinaloa no cabe en la agenda contra el narcotráfico, sino que el propio Chapo goza de impunidad del actual gobierno panista. Vicente Fox habría palomeado su liberación de Puente Grande, y Calderón habría heredado igualmente el compromiso de no atacarlo. En el fondo de las críticas del hijo de Manuel de Jesús Clouthier, está su dicho que no desmiente: “El gobierno federal habla de una guerra contra el narcotráfico que en Sinaloa no se ha visto. Se ha golpeado a todos los cárteles y no ha sido proporcional con el de Sinaloa. ¡Eso es evidente! Y si nos preguntan a los sinaloenses, es más evidente (todavía)”. De sus palabras a Proceso no retractadas.
El señor Gómez Mont renunció al PAN para lavarle la cara a Felipe Calderón, pero debe ser removido de la Secretaría de Gobernación —o él debería de dimitir por dignidad— y por hacer acuerdos partidistas con beneficio al suyo propio, cuando en todo momento su desempeño debió ser imparcial y transparente, en honor de la institucionalidad que le reclama el cargo que todavía sustenta.
En cambio, el señor Clouthier ha sido y seguirá siendo presionado para que de no retractarse abandone la curul a su suplente. Ha sido el michoacano y vicecoordinador panista, Julio Castellanos, quien le echa en cara las declaraciones. Pero el diputado responde: “¿De qué quiere Julio Castellanos que me retracte? ¿De que Sinaloa es un mugrero? De eso no me voy a retractar”. Y en otro momento agrega: “Julio no vive en Sinaloa y para entender lo que pasa en la entidad, hay que vivir allá”. Además se justifica con razón: “Mis comentarios no se pueden tomar como una deslealtad, y lo que digo es una exigencia a título de mi representación de los sinaloenses. Que me reclamen los sinaloenses”.
En fin. En el fondo de ambos asuntos está la doble preocupación tanto para los panistas como para el propio gobierno federal. Por una parte, un escenario electoral en este 2010 que no le es favorable. Y de lo que sume en pérdidas el mayor perdedor serán los aliados, principalmente el PRD sin importar el estado donde sumen alianzas o formen coaliciones. Por otro lado, con sus propias reacciones el gobierno de Calderón está admitiendo que la guerra la tiene perdida, pero no admite que las críticas salgan de sus propias filas. Al menos de adentro hacia afuera, aunque internamente muchos panistas están admitiendo lo inminente: la guerra contra el narcotráfico se está perdiendo con la estrategia instrumentada hasta la fecha.
Pero si el PRD resultará el mayor perdedor, tampoco el PRI la tiene fácil. Porque con el affaire Gómez Mont quedó en claro que sigue siendo el partido de la vieja guardia. Que su estilo de hacer política no ha cambiado. Y que responde con toda exactitud al poema más corto de Augusto Monterroso: “Y cuando despertó el dinosaurio estaba ahí”. Y eso le puede salir caro al propio PRI. No obstante que tampoco la sociedad cuenta con muchas opciones y es un sentimiento generalizado, el contenido de aquel dicho popular que dice: “Más vale malo por conocido que bueno por conocer”. Pero tampoco la sociedad espera el regreso del mismo y viejo PRI.
En pocas palabras. El Affaire panista describe en todo su esplendor a los funcionarios del actual gobierno. Los servidores públicos no son institucionales sino que acatan principios partidarios. Pero así no se gobierna un país. Tampoco se gana la confianza de los gobernados. Todo lo contrario, el sectarismo despierta la mayor de las desconfianzas en la sociedad.
Contacto: sgb33@hotmail.com
22/febrero/2010
*Conflictos: Gómez Mont, Clouthier
*Tendencioso manejo de Calderón
Nada sorprendente. Porque se trata de actitudes muy normales entre los panistas. Es lo que se desprende de las arremetidas tan disímiles desde el interior del PAN, en contra de dos distinguidos militantes y ocupantes de sendos cargos públicos por actividades o declaraciones relativas a su oficio.
Por una parte está la reacción de tolerancia y hasta de perdón que les mereció el titular de Gobernación, Fernando Gómez Mont, desde que salieron a la luz pública los verdaderos móviles que lo llevaron a pactar electoralmente con el PRI. Por la otra, el golpeteo intencional con reclamos de renuncia a la curul, que se ha ganado el diputado federal por Sinaloa, Manuel Clouthier Carrillo, por hacer declaraciones que ahora se vuelven exigencias —y apuntan directamente al presidente Felipe Calderón— de que la guerra emprendida en contra del crimen organizado no ha llegado a Sinaloa. Indirectamente los señalamientos de Clouthier apuntan el poder de la “narcopolítica” en aquél estado, y a la protección del llamado cártel de Sinaloa, con Joaquín El Chapo Guzmán a la cabeza.
A Gómez Mont lo cacharon con los dedos en la puerta por pactar con el PRI las no alianzas panistas con la izquierda rumbo a las elecciones del 4 de julio de Oaxaca, a cambio de avalar el paquete económico 2010 que incluía el alza impositiva en IVA, ISR y gasolinas y ahora pagamos todos los mexicanos. En cambio, el diputado Clouthier los agarró con las manos en la masa, porque las críticas a la estrategia antinarco apuntan directamente al corazón de una guerra fratricida y selectiva promovida por Felipe Calderón, pero que el PAN hizo suya de inmediato.
Pero hay profundas diferencias en las actitudes contra sendos personajes. Por una parte, a todos aquellos interesados en la política les resulta increíble que el secretario de Gobernación dijera que “primero pactó y luego informó” al presidente —eso fue lo que justificó su renuncia como militante del partido, un hecho de la menor trascendencia—, por la simple y sencilla razón que el propio Calderón era, es y seguirá siendo el más interesado en hacer hasta lo imposible porque el PAN siga en la disputa electoral de este 2010, premonitorio de lo que sucederá en el 2012 y porque desde el 2009 tiene perdido casi todo. En corto, los panistas han aceptado que no se toma acuerdo importante partidista alguno sin que Calderón esté enterado o avalando.
En el tema de la guerra selectiva o con destinatarios (porque se ataca a los demás cárteles en el país), a todo el mundo le queda claro que Sinaloa no cabe en la agenda contra el narcotráfico, sino que el propio Chapo goza de impunidad del actual gobierno panista. Vicente Fox habría palomeado su liberación de Puente Grande, y Calderón habría heredado igualmente el compromiso de no atacarlo. En el fondo de las críticas del hijo de Manuel de Jesús Clouthier, está su dicho que no desmiente: “El gobierno federal habla de una guerra contra el narcotráfico que en Sinaloa no se ha visto. Se ha golpeado a todos los cárteles y no ha sido proporcional con el de Sinaloa. ¡Eso es evidente! Y si nos preguntan a los sinaloenses, es más evidente (todavía)”. De sus palabras a Proceso no retractadas.
El señor Gómez Mont renunció al PAN para lavarle la cara a Felipe Calderón, pero debe ser removido de la Secretaría de Gobernación —o él debería de dimitir por dignidad— y por hacer acuerdos partidistas con beneficio al suyo propio, cuando en todo momento su desempeño debió ser imparcial y transparente, en honor de la institucionalidad que le reclama el cargo que todavía sustenta.
En cambio, el señor Clouthier ha sido y seguirá siendo presionado para que de no retractarse abandone la curul a su suplente. Ha sido el michoacano y vicecoordinador panista, Julio Castellanos, quien le echa en cara las declaraciones. Pero el diputado responde: “¿De qué quiere Julio Castellanos que me retracte? ¿De que Sinaloa es un mugrero? De eso no me voy a retractar”. Y en otro momento agrega: “Julio no vive en Sinaloa y para entender lo que pasa en la entidad, hay que vivir allá”. Además se justifica con razón: “Mis comentarios no se pueden tomar como una deslealtad, y lo que digo es una exigencia a título de mi representación de los sinaloenses. Que me reclamen los sinaloenses”.
En fin. En el fondo de ambos asuntos está la doble preocupación tanto para los panistas como para el propio gobierno federal. Por una parte, un escenario electoral en este 2010 que no le es favorable. Y de lo que sume en pérdidas el mayor perdedor serán los aliados, principalmente el PRD sin importar el estado donde sumen alianzas o formen coaliciones. Por otro lado, con sus propias reacciones el gobierno de Calderón está admitiendo que la guerra la tiene perdida, pero no admite que las críticas salgan de sus propias filas. Al menos de adentro hacia afuera, aunque internamente muchos panistas están admitiendo lo inminente: la guerra contra el narcotráfico se está perdiendo con la estrategia instrumentada hasta la fecha.
Pero si el PRD resultará el mayor perdedor, tampoco el PRI la tiene fácil. Porque con el affaire Gómez Mont quedó en claro que sigue siendo el partido de la vieja guardia. Que su estilo de hacer política no ha cambiado. Y que responde con toda exactitud al poema más corto de Augusto Monterroso: “Y cuando despertó el dinosaurio estaba ahí”. Y eso le puede salir caro al propio PRI. No obstante que tampoco la sociedad cuenta con muchas opciones y es un sentimiento generalizado, el contenido de aquel dicho popular que dice: “Más vale malo por conocido que bueno por conocer”. Pero tampoco la sociedad espera el regreso del mismo y viejo PRI.
En pocas palabras. El Affaire panista describe en todo su esplendor a los funcionarios del actual gobierno. Los servidores públicos no son institucionales sino que acatan principios partidarios. Pero así no se gobierna un país. Tampoco se gana la confianza de los gobernados. Todo lo contrario, el sectarismo despierta la mayor de las desconfianzas en la sociedad.
Contacto: sgb33@hotmail.com
Galván, la insistencia
INSEGURIDAD
21/febrero/2010
*El discurso del Día del Ejército
*Propuesta desde el Gabinete de SN
Está ampliándose el consenso. Parece que ahora sí, las palabras del titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), el general Guillermo Galván Galván, fueron bien entendidas por todo el mundo. Pero porque el mensaje del Día del Ejército, el pasado viernes, fue todavía más claro y directo.
Es decir, que el Ejército está obedeciendo la encomienda presidencial de combatir el flagelo del narcotráfico y del crimen organizado en territorio nacional. Y los resultados están a la vista, según datos de la Comisión de Defensa Nacional de la Cámara de Diputados. En los tres años que lleva en la calle, se han destruido 2 mil 485 pistas de aterrizaje clandestinas y decomisado 447 aeronaves; incautado 47 mil 364 armas, 84 mil 563 cargadores y 4 millones 542 mil 647 cartuchos. Unas 134 embarcaciones y 15 mil 995 vehículos. Más de 10 millones de pastillas sicotrópicas, y erradicado 101 mil 351 hectáreas de cultivos. Se han confiscado 156 millones 727 mil 416 pesos y 114 millones 392 mil 355 dólares.
Pero los logros no paran en eso. En la lucha, el Ejército ha destruido 59 mil 979 hectáreas de mariguana, y 41 mil 372 hectáreas de amapola. Se han decomisado 5 millones 810 mil 225 kilos de mariguana, y 25 mil 522 kilos de semilla de amapola, y 10 millones 729 mil 117 pastillas sicotrópicas. Igual se han destruido 270 narcolaboratorios, 15 mil 505 kilos de sustancias químicas y 11 mil 841 secaderos. El número de detenidos ha sido de 19 mil 882 personas ligadas con la actividad.
La inclusión del Ejército en el combate al narcotráfico ha crecido hasta alcanzar la cifra de 94 mil 540 militares, poco menos de la mitad de los 202 mil 355 efectivos, según el dato de 2009 en el tercer Informe presidencial. De los 20 mil efectivos que eran en el 2006, el último año de la presidencia de Vicente Fox, la cifra aumentó a 30 mil en 2007. Cantidad que creció a los 49 mil, conforme aumentaron los operativos conjuntos en las 16 entidades, hasta la cantidad de ahora. Son algunos de los datos de la Comisión camaral que preside el priista Adelio Vargas, mismos que fueron recogidos por La Jornada sabatina.
Así, pese a que no son tareas propias, porque tampoco está preparado para ello, el Ejército ha estado dando resultados a la encomienda presidencial. Ello incluye, desde luego porque no han sido capaces de evitarlo —aunque se lo propongan, lo digan o lo prometan—, las violaciones a los derechos humanos. Y nada lo justifica. Pero la responsabilidad es compartida por quienes toman la decisión de sacarlo de los cuarteles.
Con todo y que el tema debe someterse a debate legislativo. Porque para la ley militar puede no ser considerado violatorio el atropello a los derechos humanos que cometen, pero sí que lo es para la sociedad y a juicio y criterio de organismos de DH, sean asociaciones nacionales o internacionales. Sobre este asunto, se queja el general Galván de intromisión porque —justifica él— no hay tal impunidad en ese sentido. El tema es para debatir y para buscarle alguna solución. Sin que ello signifique, por supuesto, intento alguno de minar la confianza de la sociedad en la institución.
Un problema que va junto con pegado. Porque el gobierno federal, bueno el presidente Calderón, insiste en su “estrategia” de mantener el Ejército en las calles. Ciertamente que el flagelo sigue como causante de la mayor zozobra y de la inseguridad para la sociedad y que el Ejército hace su mejor papel, pero está faltando la redefinición de la estrategia. Porque se promete pero no se redefine el rol de las Fuerzas Armadas.
Así, pese a los resultados alcanzados, el general Galván y su cuerpo de inteligencia saben que la “guerra” contra el narcotráfico deriva en tremendo desgaste para la institución. Por eso el titular de la Sedena ha insistido, sin desobedecer la orden del jefe máximo, en la necesidad de redefinir la estrategia. La reunión reciente en el Senado de la República del Gabinete de Seguridad Nacional, donde también participó el general Galván —así como el titular de Marina Francisco Saynez, de Seguridad Pública Genaro García Luna y el titular de la PGR Arturo Chávez Chávez— ha puesto sobre la mesa (“en corto” con los legisladores, no obstante tratarse de un problema de interés público) los problemas de la inseguridad y lo que representa combatir al narcotráfico. Junto con la necesidad de redefinir la estrategia antinarco.
De ahí la necesidad del general Guillermo Galván, de insistir en la inconveniencia de mantener al Ejército en la lucha contra el narco. Lo dijo hace un año, y lo repite en cada ocasión que puede. La penúltima ocasión lo ligó con la necesidad de apoyar la reforma política de Felipe Calderón. Y el discurso de Galván se malinterpretó. Casi toda la clase política reaccionó alegando el espaldarazo para Calderón. Pero el mensaje era otro. La urgencia de replantear la estrategia y del propio papel del Ejército.
Por eso, dijo el general: “México merece que hagamos todo lo que esté a nuestro alcance, civiles y militares, para que la patología del narcotráfico y sus irradiaciones sanguinarias se reduzcan a su mínima expresión lo más pronto posible. Nadie desea que esta lucha se prolongue indefinidamente. A nade conviene”. Y no sólo eso. También, sobre la lucha, agregó: “Si se extiende en demasía, si se alarga en excesos el trayecto de la conformación, no sólo se incrementa el número de víctimas inocentes, también se causará daño adicional a la población, porque podría terminar habituándose a la cultura de la violencia y esto sería la población, porque podría terminar habituándose a la cultura de la violencia y esto sería la distorsión a las percepciones colectivas. Produce mitos y fantasías en donde la ausencia de respeto a la vida humana y la insensibilidad absoluta al dolor son expresiones lamentablemente recurrentes”.
De las reuniones del gabinete de Seguridad Nacional con el senado, es de esperarse que salga una iniciativa para replantear la lucha antinarco. Porque Felipe Calderón se aferra. Todos ven la necesidad de relanzar la estrategia, menos el jefe supremo de las Fuerzas Armadas.
Contacto: sgb33@hotmail.com
21/febrero/2010
*El discurso del Día del Ejército
*Propuesta desde el Gabinete de SN
Está ampliándose el consenso. Parece que ahora sí, las palabras del titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), el general Guillermo Galván Galván, fueron bien entendidas por todo el mundo. Pero porque el mensaje del Día del Ejército, el pasado viernes, fue todavía más claro y directo.
Es decir, que el Ejército está obedeciendo la encomienda presidencial de combatir el flagelo del narcotráfico y del crimen organizado en territorio nacional. Y los resultados están a la vista, según datos de la Comisión de Defensa Nacional de la Cámara de Diputados. En los tres años que lleva en la calle, se han destruido 2 mil 485 pistas de aterrizaje clandestinas y decomisado 447 aeronaves; incautado 47 mil 364 armas, 84 mil 563 cargadores y 4 millones 542 mil 647 cartuchos. Unas 134 embarcaciones y 15 mil 995 vehículos. Más de 10 millones de pastillas sicotrópicas, y erradicado 101 mil 351 hectáreas de cultivos. Se han confiscado 156 millones 727 mil 416 pesos y 114 millones 392 mil 355 dólares.
Pero los logros no paran en eso. En la lucha, el Ejército ha destruido 59 mil 979 hectáreas de mariguana, y 41 mil 372 hectáreas de amapola. Se han decomisado 5 millones 810 mil 225 kilos de mariguana, y 25 mil 522 kilos de semilla de amapola, y 10 millones 729 mil 117 pastillas sicotrópicas. Igual se han destruido 270 narcolaboratorios, 15 mil 505 kilos de sustancias químicas y 11 mil 841 secaderos. El número de detenidos ha sido de 19 mil 882 personas ligadas con la actividad.
La inclusión del Ejército en el combate al narcotráfico ha crecido hasta alcanzar la cifra de 94 mil 540 militares, poco menos de la mitad de los 202 mil 355 efectivos, según el dato de 2009 en el tercer Informe presidencial. De los 20 mil efectivos que eran en el 2006, el último año de la presidencia de Vicente Fox, la cifra aumentó a 30 mil en 2007. Cantidad que creció a los 49 mil, conforme aumentaron los operativos conjuntos en las 16 entidades, hasta la cantidad de ahora. Son algunos de los datos de la Comisión camaral que preside el priista Adelio Vargas, mismos que fueron recogidos por La Jornada sabatina.
Así, pese a que no son tareas propias, porque tampoco está preparado para ello, el Ejército ha estado dando resultados a la encomienda presidencial. Ello incluye, desde luego porque no han sido capaces de evitarlo —aunque se lo propongan, lo digan o lo prometan—, las violaciones a los derechos humanos. Y nada lo justifica. Pero la responsabilidad es compartida por quienes toman la decisión de sacarlo de los cuarteles.
Con todo y que el tema debe someterse a debate legislativo. Porque para la ley militar puede no ser considerado violatorio el atropello a los derechos humanos que cometen, pero sí que lo es para la sociedad y a juicio y criterio de organismos de DH, sean asociaciones nacionales o internacionales. Sobre este asunto, se queja el general Galván de intromisión porque —justifica él— no hay tal impunidad en ese sentido. El tema es para debatir y para buscarle alguna solución. Sin que ello signifique, por supuesto, intento alguno de minar la confianza de la sociedad en la institución.
Un problema que va junto con pegado. Porque el gobierno federal, bueno el presidente Calderón, insiste en su “estrategia” de mantener el Ejército en las calles. Ciertamente que el flagelo sigue como causante de la mayor zozobra y de la inseguridad para la sociedad y que el Ejército hace su mejor papel, pero está faltando la redefinición de la estrategia. Porque se promete pero no se redefine el rol de las Fuerzas Armadas.
Así, pese a los resultados alcanzados, el general Galván y su cuerpo de inteligencia saben que la “guerra” contra el narcotráfico deriva en tremendo desgaste para la institución. Por eso el titular de la Sedena ha insistido, sin desobedecer la orden del jefe máximo, en la necesidad de redefinir la estrategia. La reunión reciente en el Senado de la República del Gabinete de Seguridad Nacional, donde también participó el general Galván —así como el titular de Marina Francisco Saynez, de Seguridad Pública Genaro García Luna y el titular de la PGR Arturo Chávez Chávez— ha puesto sobre la mesa (“en corto” con los legisladores, no obstante tratarse de un problema de interés público) los problemas de la inseguridad y lo que representa combatir al narcotráfico. Junto con la necesidad de redefinir la estrategia antinarco.
De ahí la necesidad del general Guillermo Galván, de insistir en la inconveniencia de mantener al Ejército en la lucha contra el narco. Lo dijo hace un año, y lo repite en cada ocasión que puede. La penúltima ocasión lo ligó con la necesidad de apoyar la reforma política de Felipe Calderón. Y el discurso de Galván se malinterpretó. Casi toda la clase política reaccionó alegando el espaldarazo para Calderón. Pero el mensaje era otro. La urgencia de replantear la estrategia y del propio papel del Ejército.
Por eso, dijo el general: “México merece que hagamos todo lo que esté a nuestro alcance, civiles y militares, para que la patología del narcotráfico y sus irradiaciones sanguinarias se reduzcan a su mínima expresión lo más pronto posible. Nadie desea que esta lucha se prolongue indefinidamente. A nade conviene”. Y no sólo eso. También, sobre la lucha, agregó: “Si se extiende en demasía, si se alarga en excesos el trayecto de la conformación, no sólo se incrementa el número de víctimas inocentes, también se causará daño adicional a la población, porque podría terminar habituándose a la cultura de la violencia y esto sería la población, porque podría terminar habituándose a la cultura de la violencia y esto sería la distorsión a las percepciones colectivas. Produce mitos y fantasías en donde la ausencia de respeto a la vida humana y la insensibilidad absoluta al dolor son expresiones lamentablemente recurrentes”.
De las reuniones del gabinete de Seguridad Nacional con el senado, es de esperarse que salga una iniciativa para replantear la lucha antinarco. Porque Felipe Calderón se aferra. Todos ven la necesidad de relanzar la estrategia, menos el jefe supremo de las Fuerzas Armadas.
Contacto: sgb33@hotmail.com
viernes, 19 de febrero de 2010
El narcoimperialismo
INSEGURIDAD
19/febrero/2010
*El análisis de un problema global
*La mexicana, mafia de exportación
(II y última parte)
Como síntoma de la descomposición que ha encontrado terreno fértil en la globalización, el fenómeno del narcotráfico no ha sido suficientemente analizado ni tipificado todavía. Pero ya es un problema mundial que empaña o involucra —según sea el caso— a Estados y por lo tanto a gobiernos casi por completo. Afecta a sociedades como la mexicana, que está poniendo las víctimas en el combate del flagelo (con relativo éxito se instrumentan políticas de contención del narco en Italia o en Colombia), a la vez que involucra deliberada o interesadamente a los sistemas bancario y financiero globales.
Tampoco se ha propuesto analizar el fenómeno como narcoimperialismo, en parte por la novedad, o en parte también porque se desconocen aún del todo las ramificaciones que tiene, o el grado de penetración en el mercado como actividad ilegal pero “tolerable” —al menos en países como el nuestro—, ni se sabe del alcance de los cárteles en el mundo porque sus redes son relativamente ocultas.
Como se dijo ayer, el término narcoimperialismo no es nuevo. Pero sí lo es, digamos, visto el problema del crecimiento del fenómeno desde la óptica de la globalización, o como uno de los factores de la descomposición del modelo neoliberal mundial. Porque el capitalismo lleva la corrosión en las entrañas, y muchos indicadores lo delatan. Pero tal vez ninguno como el narcotráfico, ese negocio que hace millonarios a pocos no necesariamente con estudios y una profesión.
Claro que a estas alturas se cuenta ya con una buena cantidad de material informativo. Sobre todo periodístico del tema. Hay abundante en diarios y revistas que han abordado el fenómeno de manera cotidiana porque se impone como tal. Es decir, en el caso mexicano los hechos se desbordan.
Hay también muchos libros sobre la problemática. La literatura narco está creciendo en dos sentidos: 1) como revelación meramente literaria, pero que para las editoriales es un tema que vende, o 2) como reportaje ampliamente documentado. Éste último, en su desarrollo, tiene el respaldo de la investigación periodística como sustento. Existe un seguimiento puntual de los hechos. Y hay estadísticas. Están los respaldos necesarios, como la revelación de algunos de los protagonistas detenidos, o en su caso las averiguaciones judiciales.
El hecho es que hay el asomo y el asombro al problema. Los análisis nos muestran relatos que van más allá de la ficción. Hay una realidad tan cruda como los ajustes de cuentas que derivan en muerte de los adversarios; o las pugnas entre bandas que a sangre y fuego se disputan los territorios para el desarrollo de la actividad, en todas las “plazas” del país. Sobre todo en aquellos estados cuya posición resulta estratégica por su cercanía con el mayor mercado consumidor. Es el caso de Ciudad Juárez, como otras entidades.
En tanto, con todo y que en nuestro país se ha declarado la consabida “guerra” contra el narcotráfico por parte del gobierno federal durante los últimos tres años, las autoridades están perdiendo la pelea, pese al uso de policías y del propio Ejército. Porque el problema tiende al alza cada vez. Crece y se reproduce como la hidra. Mientras desaparece un capo surgen dos o más. Un problema grave es que hay colusión de autoridades de varios niveles, locales y federales. Además, sin esa infiltración no habría semejante desarrollo del narcotráfico.
Cierto que como problema el narcotráfico no es nuevo en México. Su presencia comienza en los años 70. De ahí para acá. Pero encubierto por la globalización, el fenómeno ha aumentado a la sombra de la misma a partir de la década de los 90. Y como narcoimperialismo se ha desenvuelto mejor en la globalización, porque en esta faceta el mercado ha gozado de muchos privilegios. Y el Estado ha sido relegado a segundo término. El narcoimperialismo ha crecido con relativa libertad.
Muchas cosas se dejaron al garete de la oferta y la demanda. Y si a eso se suma la carestía de la vida, las pésimas condiciones de vida de los hombres tanto del campo como de las ciudades, donde no hay creación del empleo necesario. Si hay ciudades, muchas, en las cuales se ha descuidado también la distracción o la orientación para la creación cultural de los jóvenes. Si hay problemas con una educación que no satisface los estándares mínimos internacionales, como los de la OCDE.
Y si a todo se agrega que el narcotráfico tienta con los dólares a bocas hambrientas y a manos desempleadas, el problema se complica en cualquier parte del país. En tanto los gobiernos no atan ni desatan. Pero, ¿cómo no ha de crecer un problema con tamaños rendimientos?
Baste un ejemplo por ahora, tan sólo de la rentabilidad del negocio. Según una reciente presentación del autor de Mafia export, el italiano Francesco Forgione, lo que ocurre con un kilo de cocaína es, como ejemplo: “En manos del productor cuesta alrededor de mil 200 dólares. Y el mismo kilo, cuando llega a Nueva York, Milán o París, se multiplica por cuatro; es decir, cada uno de esos cuatro kilos vale alrededor de 60 mil dólares. Lo que genera 240 mil dólares”. De ahí el “lavado”. “Esa riqueza va a lavarse generalmente en la economía legal, haciendo perder la frontera entre economía legal e ilegal. En ocasiones se comercian sólo pocos kilogramos, pero también grandes cargamentos”.
Y para describir el problema en su dimensión dentro de la globalización, Forgione apunta. “En la dimensión global, una organización de criminales va a transformarse en una organización que tiene ramificación en muchos países, pero es una dimensión preferentemente financiera. Porque los capitales pueden viajar de México a Roma a Frankfurt, sin forma de control internacional. Y la globalización impulsó esa posibilidad”. Pero eso no es todo. Agregó: “Los grupos delictivos de México representan hoy una de las rutas fundamentales para la cocaína y la mafia italiana calabresa de la ´Ndrangheta, distribuidora mundial de droga”. Sí. Y los dividendos van a parar al sistema financiero internacional, o a los paraísos fiscales, contra los que nada se hace.
Contacto: sgb33@hotmail.com
19/febrero/2010
*El análisis de un problema global
*La mexicana, mafia de exportación
(II y última parte)
Como síntoma de la descomposición que ha encontrado terreno fértil en la globalización, el fenómeno del narcotráfico no ha sido suficientemente analizado ni tipificado todavía. Pero ya es un problema mundial que empaña o involucra —según sea el caso— a Estados y por lo tanto a gobiernos casi por completo. Afecta a sociedades como la mexicana, que está poniendo las víctimas en el combate del flagelo (con relativo éxito se instrumentan políticas de contención del narco en Italia o en Colombia), a la vez que involucra deliberada o interesadamente a los sistemas bancario y financiero globales.
Tampoco se ha propuesto analizar el fenómeno como narcoimperialismo, en parte por la novedad, o en parte también porque se desconocen aún del todo las ramificaciones que tiene, o el grado de penetración en el mercado como actividad ilegal pero “tolerable” —al menos en países como el nuestro—, ni se sabe del alcance de los cárteles en el mundo porque sus redes son relativamente ocultas.
Como se dijo ayer, el término narcoimperialismo no es nuevo. Pero sí lo es, digamos, visto el problema del crecimiento del fenómeno desde la óptica de la globalización, o como uno de los factores de la descomposición del modelo neoliberal mundial. Porque el capitalismo lleva la corrosión en las entrañas, y muchos indicadores lo delatan. Pero tal vez ninguno como el narcotráfico, ese negocio que hace millonarios a pocos no necesariamente con estudios y una profesión.
Claro que a estas alturas se cuenta ya con una buena cantidad de material informativo. Sobre todo periodístico del tema. Hay abundante en diarios y revistas que han abordado el fenómeno de manera cotidiana porque se impone como tal. Es decir, en el caso mexicano los hechos se desbordan.
Hay también muchos libros sobre la problemática. La literatura narco está creciendo en dos sentidos: 1) como revelación meramente literaria, pero que para las editoriales es un tema que vende, o 2) como reportaje ampliamente documentado. Éste último, en su desarrollo, tiene el respaldo de la investigación periodística como sustento. Existe un seguimiento puntual de los hechos. Y hay estadísticas. Están los respaldos necesarios, como la revelación de algunos de los protagonistas detenidos, o en su caso las averiguaciones judiciales.
El hecho es que hay el asomo y el asombro al problema. Los análisis nos muestran relatos que van más allá de la ficción. Hay una realidad tan cruda como los ajustes de cuentas que derivan en muerte de los adversarios; o las pugnas entre bandas que a sangre y fuego se disputan los territorios para el desarrollo de la actividad, en todas las “plazas” del país. Sobre todo en aquellos estados cuya posición resulta estratégica por su cercanía con el mayor mercado consumidor. Es el caso de Ciudad Juárez, como otras entidades.
En tanto, con todo y que en nuestro país se ha declarado la consabida “guerra” contra el narcotráfico por parte del gobierno federal durante los últimos tres años, las autoridades están perdiendo la pelea, pese al uso de policías y del propio Ejército. Porque el problema tiende al alza cada vez. Crece y se reproduce como la hidra. Mientras desaparece un capo surgen dos o más. Un problema grave es que hay colusión de autoridades de varios niveles, locales y federales. Además, sin esa infiltración no habría semejante desarrollo del narcotráfico.
Cierto que como problema el narcotráfico no es nuevo en México. Su presencia comienza en los años 70. De ahí para acá. Pero encubierto por la globalización, el fenómeno ha aumentado a la sombra de la misma a partir de la década de los 90. Y como narcoimperialismo se ha desenvuelto mejor en la globalización, porque en esta faceta el mercado ha gozado de muchos privilegios. Y el Estado ha sido relegado a segundo término. El narcoimperialismo ha crecido con relativa libertad.
Muchas cosas se dejaron al garete de la oferta y la demanda. Y si a eso se suma la carestía de la vida, las pésimas condiciones de vida de los hombres tanto del campo como de las ciudades, donde no hay creación del empleo necesario. Si hay ciudades, muchas, en las cuales se ha descuidado también la distracción o la orientación para la creación cultural de los jóvenes. Si hay problemas con una educación que no satisface los estándares mínimos internacionales, como los de la OCDE.
Y si a todo se agrega que el narcotráfico tienta con los dólares a bocas hambrientas y a manos desempleadas, el problema se complica en cualquier parte del país. En tanto los gobiernos no atan ni desatan. Pero, ¿cómo no ha de crecer un problema con tamaños rendimientos?
Baste un ejemplo por ahora, tan sólo de la rentabilidad del negocio. Según una reciente presentación del autor de Mafia export, el italiano Francesco Forgione, lo que ocurre con un kilo de cocaína es, como ejemplo: “En manos del productor cuesta alrededor de mil 200 dólares. Y el mismo kilo, cuando llega a Nueva York, Milán o París, se multiplica por cuatro; es decir, cada uno de esos cuatro kilos vale alrededor de 60 mil dólares. Lo que genera 240 mil dólares”. De ahí el “lavado”. “Esa riqueza va a lavarse generalmente en la economía legal, haciendo perder la frontera entre economía legal e ilegal. En ocasiones se comercian sólo pocos kilogramos, pero también grandes cargamentos”.
Y para describir el problema en su dimensión dentro de la globalización, Forgione apunta. “En la dimensión global, una organización de criminales va a transformarse en una organización que tiene ramificación en muchos países, pero es una dimensión preferentemente financiera. Porque los capitales pueden viajar de México a Roma a Frankfurt, sin forma de control internacional. Y la globalización impulsó esa posibilidad”. Pero eso no es todo. Agregó: “Los grupos delictivos de México representan hoy una de las rutas fundamentales para la cocaína y la mafia italiana calabresa de la ´Ndrangheta, distribuidora mundial de droga”. Sí. Y los dividendos van a parar al sistema financiero internacional, o a los paraísos fiscales, contra los que nada se hace.
Contacto: sgb33@hotmail.com
Narcoimperialismo hoy
INSEGURIDAD
18/febrero/2010
*La tipificación de un fenómeno
*Sinopsis de la descomposición
(I de II partes)
Como fenómenos, pero principalmente como síntomas de la descomposición del sistema imperialista mundial, el narcotráfico y los “negocios” que promueve el crimen organizado —como el secuestro, el robo en todas sus expresiones, el tráfico de armas y de personas, la pornografía infantil, etcétera—, son actividades que encabezan la lista en esta etapa de la globalización de principios del siglo XXI.
Es decir, que los negocios “ilícitos” aparecen, dentro de un sistema económico global que lleva en las entrañas el virus de la putrefacción y de su propia extinción, como entre los de más acelerado rendimiento. Bajo ese contexto, son negocios que ofrecen las mayores ganancias en los tiempos también más cortos de realización, porque el círculo total está determinado por al menos dos importantes factores: 1) la continua y creciente demanda desde el mercado consumidor, y 2) el rendimiento millonario que genera para los principales involucrados, llámese los narcotraficantes que cultivan, procesan, trasladan y venden, la parte intermedia donde tiene una activa participación el “lavado de dinero”, hasta el propio sistema financiero nacional y finalmente internacional.
Esto no quiere decir, tampoco, que este tipo de actividades sean de la más alta prioridad en el mercado de la globalización. No. Ni estoy sugiriendo semejante barbaridad. Sólo estoy arguyendo que entre los “negocios” de mayores rendimientos están, precisamente, los del narcotráfico y todas las actividades derivadas.
Claro que en el marco de la globalidad, los negocios de las inversiones de capitales “golondrinos” cuyo principal activo es la “especulación”, las ganancias resultan todavía mayores, porque en un instante pueden desestabilizar a un país si así se lo proponen con tan sólo afectar su tipo de cambio. Esto es, como una actividad, también síndrome de la descomposición referida que porta en las entrañas el sistema del capitalismo imperial. Pero son de esos negocios aceptados como formales o legales, dentro de la actividad económica estatal o financiera mundial.
También están, por ejemplo, las empresas que alimentan la economía real. Por supuesto. Como es el caso de las compañías petroleras que dominan todo el proceso. Se dedican desde la extracción y procesamiento del energético, su colocación en el mercado hasta su venta entre los grandes consumidores, sean otras empresas o países enteros. Es el caso de los derivados del petróleo.
No se diga las empresas cuya principal actividad está destinada a proporcionar activos a los modernos servicios, como los derivados de las telecomunicaciones: la transmisión de voz e imagen, y el internet entre ellos. Incluso las guerras, que no obstante su capacidad destructiva de países y de infraestructura, están catalogadas como permisibles dentro de lo absurdo aceptado. Sin interesar, claro, que las mismas sean protagonizadas por los países más poderosos —los grandes imperios— y atenten en contra de los más países débiles que resultan víctimas de tales atropellos.
Pero es tan grande el negocio de la guerra como el de la reconstrucción por el reparto de los beneficios derivados: las inversiones para levantar la infraestructura y otros “derechos”. Léase, como ejemplo, los recientes beneficios directos para Estados Unidos para explotar los pozos petroleros en Irak, así como el control de los plantíos de amapola en Afganistán, a partir de sendas guerras protagonizadas por el Pentágono, el ejército más poderoso del mundo.
Como los citados, son negocios que todavía seguirán siendo altamente rentables dentro de la economía del imperialismo global. Ni se diga el de los servicios. Seguirán muy por arriba de otros, como los mismos derivados del narcotráfico. Incluso el tráfico de armas, que es un negociazo controlado y a merced sólo de los países que las producen. Como ejemplo están EU, Israel, Rusia, etcétera.
Pero el trasiego de las drogas, como negocio, se aprovecha de la alta dependencia que genera en el individuo consumidor para mantener sus ventas por arriba de cualquier tipo de “fluctuaciones” (como las propias crisis económicas) del mercado. Y, dentro de esa faceta de la descomposición del propio sistema, aparece como una actividad que obtiene una muy elevada rentabilidad.
No obstante, con todo y lo “peligroso” que resulta para el mundo globalizado el impacto que genera en la economía de los países, los trastornos al interior de la sociedad misma y la afectación para la salud pública, emocional y psicológica entre los individuos, esta actividad da crédito a lo que muy bien puede denominarse como el narcoimperialismo. Lo que no sería tanto como la descripción de esta faceta donde la descomposición se apropia del imperialismo, como una parte de su autodestrucción. Como fruto de su propia corrosión interna. Con todo e involucre a todo el sistema económico y financiero mundial.
Así, el narcoimperialismo vive y se reproduce de tales actividades ilícitas, y va en pronto ascenso. Él se encarga de tejer una red para su propio desarrollo. Tiene activos muy poderosos. Cuenta con el apoyo de los Estados, en la mayoría de los casos. Porque maximiza las ganancias de los capitales involucrados, y luego pasan de los “empresarios” y las autoridades locales hasta su soporte mundial: el sistema financiero que resulta finalmente ser el gran benefactor.
Eso explica por qué, muchos de los narcotraficantes “más buscados” son finalmente “tolerados” al grado de obtener la “protección” desde el mismo Estado. Son como los males necesarios; los “protegidos” del sistema, dada la enorme cantidad de capitales que mueven por los suburbios de la economía ilegal, que luego legitiman y “legalizan” mediante “inversiones” donde ya aparecen con nombre y apellidos.
El narcoimperialismo como fase última, perjudicial pero necesaria, dentro de un sistema global que se caracteriza por la ilegalidad y la corrupción, como parte de su operación peligrosa pero “normal”.
Contacto: sgb33@hotmail.com
18/febrero/2010
*La tipificación de un fenómeno
*Sinopsis de la descomposición
(I de II partes)
Como fenómenos, pero principalmente como síntomas de la descomposición del sistema imperialista mundial, el narcotráfico y los “negocios” que promueve el crimen organizado —como el secuestro, el robo en todas sus expresiones, el tráfico de armas y de personas, la pornografía infantil, etcétera—, son actividades que encabezan la lista en esta etapa de la globalización de principios del siglo XXI.
Es decir, que los negocios “ilícitos” aparecen, dentro de un sistema económico global que lleva en las entrañas el virus de la putrefacción y de su propia extinción, como entre los de más acelerado rendimiento. Bajo ese contexto, son negocios que ofrecen las mayores ganancias en los tiempos también más cortos de realización, porque el círculo total está determinado por al menos dos importantes factores: 1) la continua y creciente demanda desde el mercado consumidor, y 2) el rendimiento millonario que genera para los principales involucrados, llámese los narcotraficantes que cultivan, procesan, trasladan y venden, la parte intermedia donde tiene una activa participación el “lavado de dinero”, hasta el propio sistema financiero nacional y finalmente internacional.
Esto no quiere decir, tampoco, que este tipo de actividades sean de la más alta prioridad en el mercado de la globalización. No. Ni estoy sugiriendo semejante barbaridad. Sólo estoy arguyendo que entre los “negocios” de mayores rendimientos están, precisamente, los del narcotráfico y todas las actividades derivadas.
Claro que en el marco de la globalidad, los negocios de las inversiones de capitales “golondrinos” cuyo principal activo es la “especulación”, las ganancias resultan todavía mayores, porque en un instante pueden desestabilizar a un país si así se lo proponen con tan sólo afectar su tipo de cambio. Esto es, como una actividad, también síndrome de la descomposición referida que porta en las entrañas el sistema del capitalismo imperial. Pero son de esos negocios aceptados como formales o legales, dentro de la actividad económica estatal o financiera mundial.
También están, por ejemplo, las empresas que alimentan la economía real. Por supuesto. Como es el caso de las compañías petroleras que dominan todo el proceso. Se dedican desde la extracción y procesamiento del energético, su colocación en el mercado hasta su venta entre los grandes consumidores, sean otras empresas o países enteros. Es el caso de los derivados del petróleo.
No se diga las empresas cuya principal actividad está destinada a proporcionar activos a los modernos servicios, como los derivados de las telecomunicaciones: la transmisión de voz e imagen, y el internet entre ellos. Incluso las guerras, que no obstante su capacidad destructiva de países y de infraestructura, están catalogadas como permisibles dentro de lo absurdo aceptado. Sin interesar, claro, que las mismas sean protagonizadas por los países más poderosos —los grandes imperios— y atenten en contra de los más países débiles que resultan víctimas de tales atropellos.
Pero es tan grande el negocio de la guerra como el de la reconstrucción por el reparto de los beneficios derivados: las inversiones para levantar la infraestructura y otros “derechos”. Léase, como ejemplo, los recientes beneficios directos para Estados Unidos para explotar los pozos petroleros en Irak, así como el control de los plantíos de amapola en Afganistán, a partir de sendas guerras protagonizadas por el Pentágono, el ejército más poderoso del mundo.
Como los citados, son negocios que todavía seguirán siendo altamente rentables dentro de la economía del imperialismo global. Ni se diga el de los servicios. Seguirán muy por arriba de otros, como los mismos derivados del narcotráfico. Incluso el tráfico de armas, que es un negociazo controlado y a merced sólo de los países que las producen. Como ejemplo están EU, Israel, Rusia, etcétera.
Pero el trasiego de las drogas, como negocio, se aprovecha de la alta dependencia que genera en el individuo consumidor para mantener sus ventas por arriba de cualquier tipo de “fluctuaciones” (como las propias crisis económicas) del mercado. Y, dentro de esa faceta de la descomposición del propio sistema, aparece como una actividad que obtiene una muy elevada rentabilidad.
No obstante, con todo y lo “peligroso” que resulta para el mundo globalizado el impacto que genera en la economía de los países, los trastornos al interior de la sociedad misma y la afectación para la salud pública, emocional y psicológica entre los individuos, esta actividad da crédito a lo que muy bien puede denominarse como el narcoimperialismo. Lo que no sería tanto como la descripción de esta faceta donde la descomposición se apropia del imperialismo, como una parte de su autodestrucción. Como fruto de su propia corrosión interna. Con todo e involucre a todo el sistema económico y financiero mundial.
Así, el narcoimperialismo vive y se reproduce de tales actividades ilícitas, y va en pronto ascenso. Él se encarga de tejer una red para su propio desarrollo. Tiene activos muy poderosos. Cuenta con el apoyo de los Estados, en la mayoría de los casos. Porque maximiza las ganancias de los capitales involucrados, y luego pasan de los “empresarios” y las autoridades locales hasta su soporte mundial: el sistema financiero que resulta finalmente ser el gran benefactor.
Eso explica por qué, muchos de los narcotraficantes “más buscados” son finalmente “tolerados” al grado de obtener la “protección” desde el mismo Estado. Son como los males necesarios; los “protegidos” del sistema, dada la enorme cantidad de capitales que mueven por los suburbios de la economía ilegal, que luego legitiman y “legalizan” mediante “inversiones” donde ya aparecen con nombre y apellidos.
El narcoimperialismo como fase última, perjudicial pero necesaria, dentro de un sistema global que se caracteriza por la ilegalidad y la corrupción, como parte de su operación peligrosa pero “normal”.
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martes, 16 de febrero de 2010
Revocación de mandato
INSEGURIDAD
17/febrero/2010
*Descomposición del escenario nacional
*Y convocatoria de la sociedad civil
Muy tarde para él, pero apenas a estas alturas el presidente Felipe Calderón se está dando cuenta que un país no se puede gobernar solo; es decir, sin los apoyos indispensables, sin los amarres, sin los acuerdos políticos, sin el consenso. Pero incluso más que los partidos, más que su propio PAN; más que su gabinete o la Iglesia católica; más allá de los poderes fácticos, hasta del respaldo incondicional de las Fuerzas Armadas. Más allá del estilo que pretenda imponer como Presidente, su “marca sexenal”, se requiere del respaldo de la ciudadanía, de los mexicanos en general. Ese es el principal apoyo para gobernar un país como México, y como cualquier otro.
Y ese espaldarazo no lo tiene porque no hay consenso a su favor, porque sencillamente no se lo ha ganado. Con tres años y 77 días —luego de una toma de protesta muy atropellada en la sede del Congreso, por la ilegitimidad con la que llegó al poder, y la promesa de “cumplir y hacer cumplir la Constitución”—, el presidente Calderón no ha hecho nada a favor de los mexicanos. Porque tampoco ha tomado las medias necesarios —de política económica y de política política—, para resolver los problemas de México.
Todo lo contrario, los venidos a menos se han magnificado; y los peores se están agravando al colmo de la intolerancia. Al grado de orillar al país hacia la ingobernabilidad. Por eso la incertidumbre que padecen las personas en sus vidas cotidianas, y por eso mismo la inestabilidad social. Porque en los hechos se retrocede rumbo a un Estado “sectario” (que en muchos casos es “fallido”), y para beneficio de unos cuantos.
Porque se avanza menos hacia la consolidación de un Estado nación. Porque brilla por su ausencia el interés general y el bienestar de la población. Porque no hay proyecto de nación, hay políticas de relumbrón. Hay la aplicación de medidas de reacción más que prevención. Es la política de tapar un hoyo destapando otro, o de simple allanamiento haciendo a un lado la planeación. En eso han transcurrido los tres años de gobierno, y las demandas no satisfarán en menos de lo que resta del sexenio.
Por lo mismo, el de Calderón sí que es un gobierno fallido. Porque no hay rumbo, ni timón. Porque el barco anda a la deriva tanto por la agitación de las aguas como, y sobre todo, porque el capitán no sabe conducir. Por eso naufraga México. Por eso la defenestración del presidente Calderón. Por eso el rechazo. Por lo mismo, ayer se anunció el movimiento ciudadano en pro de la revocación de su mandato.
Cuando también ayer, el presidente Calderón dijo en San Andrés Cholula, que “La patria es primero”, parafraseando a Vicente Guerrero. Y, agregó, “por eso debemos defenderla de la amenaza de la inseguridad y la delincuencia; la patria es primero y por eso debemos trabajar por brindarle bienestar a todos los mexicanos, especialmente a los adultos mayores; la patria es primero y por eso debemos forjar un futuro distinto a las generaciones de hoy y mañana; la patria es primero y por eso todos los actores políticos y sociales estamos llamados a anteponer el interés superior de la nación por encima del interés particular, por legítimo que sea”.
Pero precisamente, porque “la patria es primero”, Calderón no ha “trabajado para brindar bienestar a los mexicanos”, como dice, y en ningún sentido. Porque “la patria es primero”, él mismo debió consultar qué hacer antes de “defenderla de la amenaza de la inseguridad y la delincuencia”, sacando al Ejército a las calles para ensangrentar al país. Porque en el reconocimiento implícito de “estar poniendo un freno con toda la fuerza del Estado a la delincuencia”, sabe que está fallando. Por eso es que, hizo el llamado, “la necesaria participación ciudadana para tener éxito en esta tarea” (discurso de ayer en Puebla).
Pero es un poco tarde, por no decir demasiado. A estas alturas los agravios son muchos, y los agraviados más. Porque el propio Presidente se ha manchado las manos de tanta gente inocente que ha muerto en su fallida guerra antinarco y contra la delincuencia organizada. Por eso mismo, ayer el “Comité Civil Nacional para la Revocación del Mandato de Felipe Calderón” anunció la “consulta nacional ciudadana”, que realizará los días 22 al 24 de mayo en todo el país, para consultar a los mexicanos “si quieren que Felipe Calderón deje ya de ser el Presidente…, un cargo que ha venido usurpando”, desde su cuestionable arribo.
Por eso el repudio es generalizado. Porque los llamados de Calderón para el apoyo ciudadano son tardíos. L a soberbia le ganó y creyó que con las armas del Ejército, y sin consulta popular podría lograrlo. Pero la guerra le es ahora contraproducente. Sin resultados a estas alturas ya nadie le cree. Por eso reconoce que, “donde no hay participación ciudadana no hay solución de fondo a los problemas”. Pero eso mismo debió preguntar antes, si es que no lo sabía. Porque a estas alturas del partido la consulta se le revertirá.
Ahora, el citado Comité realizará la consulta ciudadana, con votación y todo, para saber si los mexicanos quieren que Calderón se queda o se vaya. Es previsible el resultado, sea o no copiosa la participación. A la pregunta de si Calderón se queda o se va, la respuesta será obvia. No hay mexicano que quiera en la Presidencia alguien que no resuelve. Todo lo contrario.
Como dicta el comunicado que anuncia la consulta: “Se realizará en un contexto de extrema agudización de las políticas antipopulares de Calderón, y en un ambiente de creciente irritación social…”. “Ha llegado la hora de implementar esta determinación ciudadana con la que el pueblo, con plena dignidad, se dispone a conmemorar los centenarios”. Porque Calderón se ha “consagrado a hipotecar el patrimonio histórico de nuestra sociedad, llevando al país a una verdadera ruina económica, ética, política, científica, cultural”.
“Si Porfirio Díaz fue depuesto por violentar los principios constitucionales, si Victoriano Huerta lo fue porque instituyó gobierno aplastando esos principios, Felipe Calderón será depuesto porque llegó al gobierno de manera fraudulenta y porque, instalado en el gobierno de manera espuria, se ha dedicado a ejercer políticas públicas que constituyen un trastorno que atenta contra los principios de la Carta Magna”. Cierto que “cada quién es responsable de su tarea”, dijo el mismo Calderón en Aguascalientes, pero él no está haciendo la propia.
Contacto: sgb33@hotmail.com
17/febrero/2010
*Descomposición del escenario nacional
*Y convocatoria de la sociedad civil
Muy tarde para él, pero apenas a estas alturas el presidente Felipe Calderón se está dando cuenta que un país no se puede gobernar solo; es decir, sin los apoyos indispensables, sin los amarres, sin los acuerdos políticos, sin el consenso. Pero incluso más que los partidos, más que su propio PAN; más que su gabinete o la Iglesia católica; más allá de los poderes fácticos, hasta del respaldo incondicional de las Fuerzas Armadas. Más allá del estilo que pretenda imponer como Presidente, su “marca sexenal”, se requiere del respaldo de la ciudadanía, de los mexicanos en general. Ese es el principal apoyo para gobernar un país como México, y como cualquier otro.
Y ese espaldarazo no lo tiene porque no hay consenso a su favor, porque sencillamente no se lo ha ganado. Con tres años y 77 días —luego de una toma de protesta muy atropellada en la sede del Congreso, por la ilegitimidad con la que llegó al poder, y la promesa de “cumplir y hacer cumplir la Constitución”—, el presidente Calderón no ha hecho nada a favor de los mexicanos. Porque tampoco ha tomado las medias necesarios —de política económica y de política política—, para resolver los problemas de México.
Todo lo contrario, los venidos a menos se han magnificado; y los peores se están agravando al colmo de la intolerancia. Al grado de orillar al país hacia la ingobernabilidad. Por eso la incertidumbre que padecen las personas en sus vidas cotidianas, y por eso mismo la inestabilidad social. Porque en los hechos se retrocede rumbo a un Estado “sectario” (que en muchos casos es “fallido”), y para beneficio de unos cuantos.
Porque se avanza menos hacia la consolidación de un Estado nación. Porque brilla por su ausencia el interés general y el bienestar de la población. Porque no hay proyecto de nación, hay políticas de relumbrón. Hay la aplicación de medidas de reacción más que prevención. Es la política de tapar un hoyo destapando otro, o de simple allanamiento haciendo a un lado la planeación. En eso han transcurrido los tres años de gobierno, y las demandas no satisfarán en menos de lo que resta del sexenio.
Por lo mismo, el de Calderón sí que es un gobierno fallido. Porque no hay rumbo, ni timón. Porque el barco anda a la deriva tanto por la agitación de las aguas como, y sobre todo, porque el capitán no sabe conducir. Por eso naufraga México. Por eso la defenestración del presidente Calderón. Por eso el rechazo. Por lo mismo, ayer se anunció el movimiento ciudadano en pro de la revocación de su mandato.
Cuando también ayer, el presidente Calderón dijo en San Andrés Cholula, que “La patria es primero”, parafraseando a Vicente Guerrero. Y, agregó, “por eso debemos defenderla de la amenaza de la inseguridad y la delincuencia; la patria es primero y por eso debemos trabajar por brindarle bienestar a todos los mexicanos, especialmente a los adultos mayores; la patria es primero y por eso debemos forjar un futuro distinto a las generaciones de hoy y mañana; la patria es primero y por eso todos los actores políticos y sociales estamos llamados a anteponer el interés superior de la nación por encima del interés particular, por legítimo que sea”.
Pero precisamente, porque “la patria es primero”, Calderón no ha “trabajado para brindar bienestar a los mexicanos”, como dice, y en ningún sentido. Porque “la patria es primero”, él mismo debió consultar qué hacer antes de “defenderla de la amenaza de la inseguridad y la delincuencia”, sacando al Ejército a las calles para ensangrentar al país. Porque en el reconocimiento implícito de “estar poniendo un freno con toda la fuerza del Estado a la delincuencia”, sabe que está fallando. Por eso es que, hizo el llamado, “la necesaria participación ciudadana para tener éxito en esta tarea” (discurso de ayer en Puebla).
Pero es un poco tarde, por no decir demasiado. A estas alturas los agravios son muchos, y los agraviados más. Porque el propio Presidente se ha manchado las manos de tanta gente inocente que ha muerto en su fallida guerra antinarco y contra la delincuencia organizada. Por eso mismo, ayer el “Comité Civil Nacional para la Revocación del Mandato de Felipe Calderón” anunció la “consulta nacional ciudadana”, que realizará los días 22 al 24 de mayo en todo el país, para consultar a los mexicanos “si quieren que Felipe Calderón deje ya de ser el Presidente…, un cargo que ha venido usurpando”, desde su cuestionable arribo.
Por eso el repudio es generalizado. Porque los llamados de Calderón para el apoyo ciudadano son tardíos. L a soberbia le ganó y creyó que con las armas del Ejército, y sin consulta popular podría lograrlo. Pero la guerra le es ahora contraproducente. Sin resultados a estas alturas ya nadie le cree. Por eso reconoce que, “donde no hay participación ciudadana no hay solución de fondo a los problemas”. Pero eso mismo debió preguntar antes, si es que no lo sabía. Porque a estas alturas del partido la consulta se le revertirá.
Ahora, el citado Comité realizará la consulta ciudadana, con votación y todo, para saber si los mexicanos quieren que Calderón se queda o se vaya. Es previsible el resultado, sea o no copiosa la participación. A la pregunta de si Calderón se queda o se va, la respuesta será obvia. No hay mexicano que quiera en la Presidencia alguien que no resuelve. Todo lo contrario.
Como dicta el comunicado que anuncia la consulta: “Se realizará en un contexto de extrema agudización de las políticas antipopulares de Calderón, y en un ambiente de creciente irritación social…”. “Ha llegado la hora de implementar esta determinación ciudadana con la que el pueblo, con plena dignidad, se dispone a conmemorar los centenarios”. Porque Calderón se ha “consagrado a hipotecar el patrimonio histórico de nuestra sociedad, llevando al país a una verdadera ruina económica, ética, política, científica, cultural”.
“Si Porfirio Díaz fue depuesto por violentar los principios constitucionales, si Victoriano Huerta lo fue porque instituyó gobierno aplastando esos principios, Felipe Calderón será depuesto porque llegó al gobierno de manera fraudulenta y porque, instalado en el gobierno de manera espuria, se ha dedicado a ejercer políticas públicas que constituyen un trastorno que atenta contra los principios de la Carta Magna”. Cierto que “cada quién es responsable de su tarea”, dijo el mismo Calderón en Aguascalientes, pero él no está haciendo la propia.
Contacto: sgb33@hotmail.com
La despenalización
INSEGURIDAD
16/febrero/2010
*Desafíos de la guerra contra el narco
*Periodismo, arma de interpretación
En el último artículo de Tomás Eloy Martínez, publicado en el diario La Nación con fecha 09/01/2010, bajo el título “Los desafíos de la cultura narco”, abogó por la despenalización de las drogas. Un asunto que han propuesto otros intelectuales de la región latinoamericana como el mexicano Carlos Fuentes, el peruano Mario Vargas Llosa y el uruguayo Eduardo Galeano; al colombiano García Márquez, siempre lo “malinterpretan” los colegas de la prensa, pero dice que no apoya. Eloy Martínez, escritor de origen argentino que nació en Tucumán en 1934, y falleció apenas el 31 de enero del presente año, nos legó una amplia bibliografía como muestra de su ardua labor periodística, ensayística y literaria.
Muestras de su trabajo sobran. Su obra Santa Evita (publicada en 1995), donde aborda el mito argentino de Eva, la esposa de Juan Domingo Perón, que es considerada la novela argentina más traducida de todos los tiempos. Pero también destacan La novela de Perón (1985), La mano del amo (1991) y Las memorias del general (1996), una crónica de los años 70 en su país, donde aborda la parte “dura”. Los años recios de “la guerra sucia”, en los tiempos represivos de la dictadura que se instaló “de facto” el 24 de marzo de 1976, con el general Jorge Rafael Videla a la cabeza de la junta militar del autollamado “proceso de reorganización nacional”. El retorno de la democracia comenzó tras la elección presidencial de Raúl Alfonsín, el 10 diciembre de 1983.
En México participó, durante 1991, en la creación del periódico Siglo 21 de Guadalajara. En 2009 recibió —entre otros reconocimientos— el premio Ortega y Gasset de Periodismo por su trayectoria profesional. Pero desde 1996 fue columnista de La Nación en Argentina, y sus artículos se imprimieron también en The New York Times de EU, y en El País de España, entre otros. En este último, el artículo que ahora nos interesa salió publicado el 2/02/2010, casi un mes después, y a tan sólo dos días de su muerte.
Tengo entre manos una hermosa compilación de su obra. Es una “exhaustiva antología” publicada bajo el sello editorial de el FCE, con el título de La otra realidad, que reúne “fragmentos de sus novelas, notas periodísticas, relatos inéditos y críticas literarias desde 1960 hasta la actualidad (la edición es de 2006)”. En La otra realidad, el autor propone que “los hechos verdaderos no están necesariamente en conflicto con la invención”. Es más, que “las palabras pueden crear una realidad más verdadera que la realidad de los sentidos”. Y en el artículo apunta más allá: “Los novelistas van siempre un paso adelante de la realidad”.
Un precepto literario con un importante trasfondo filosófico. Muy aplicable al ejercicio periodístico y que no se contraviene en nada con la realidad, como sucede con algunas “teorías” que llegan como “moda” todo el tiempo en otras áreas como la teoría económica o la política. P.ej., los voceros del imperio, Francis Fukuyama con El fin de la historia y Samuel P. Huntington en El choque de civilizaciones, escribieron panfletos incendiarios. Libros útiles para justificar las invasiones de Estados Unidos a tierras musulmanas, y apropiarse de sus riquezas bajo “conspiración del imperio” como la destrucción de las Torres Gemelas, acusando de “terrorismo”. En fin.
La obra de Tomás Eloy sobresale como otra de autores que han brillado desde el medio periodístico hasta la literatura. Está el propio Gabo, en América Latina. El caso emblemático de Ryszard Kapuscinski. En el pasado brillan autores como Churchill y Hemingway. Para no referir a la corriente del “nuevo periodismo” que surgió en 1960 en EU con A sangre fría, de Truman Capote y otros. Pero los preceptos de objetividad no son muy distintos entre ellos: una reconstrucción de la realidad a partir de la invención de los sentidos, como apuntaba Eloy Martínez.
Sí, pero con la sumatoria de todas las herramientas y exigencias del oficio periodístico. La cultura como trasfondo. Además de lo que se lee diariamente, se percibe y se intuye, se piensa y analiza, se interpreta y arma a partir de los hechos mismos. La elaboración de la nota, la novela, el reportaje, se hace a partir de la información de primera mano. De rastrear los hilos del tema, sus indicadores y coincidencias, sus raíces —del tipo que sean— y su desarrollo. La parte histórica y hasta teórica, aquella que brinda el soporte desde la propia generalidad (por no decir la abstracción). Herramientas que, únicamente, se adquieren con talacha en el oficio. En ello se trabaja. Que se logre es otra cosa. Como el estilo, que deviene personal. Ese ya depende del autor. Del uso de la herramienta, de idioma. En fin.
En el balazo de “Los desafíos de la cultura narco” Eloy Martínez coloca: “Cuando el combate más efectivo es arruinarles el negocio”. La nota completa puede verse en: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1219932. Pero abunda en la necesidad de tirarles el negocio a los narcos. “Es el arma más efectiva contra los jefes del narcotráfico”. “No se trata de alentar el consumo, sino de controlarlo mejor, invirtiendo en campañas efectivas de salud pública”.
Porque, como en Colombia y México, países “donde la cultura narco se ha infiltrado en todos los aspectos de la vida”, y la guerra contra las drogas y el narcotráfico impregna buena parte de la literatura. En México abunda. Y cita a Fuentes: “Un empresario poderoso que observa cómo su país está siendo minado por los narcotraficantes en complicidad con la corrupción del poder, decide ganarles siendo más criminal que ellos en la novela del escritor mexicano Carlos Fuentes, Adán en Edén.
Porque: “Cada golpe al narcotráfico es devuelto con otro golpe aún mayor. Es lo que le ha ocurrido al presidente Álvaro Uribe en Colombia y ahora al presidente Felipe Calderón en México. Mientras tanto se destruyen personas, familias, pueblos, culturas. Cada día se hace más evidente que la guerra no es la solución al problema y que la única vía posible es enfrentarlo desde la raíz, es decir, desde la despenalización del consumo”. Como la Ley Seca en EU (1920-1933), no acabó con los borrachos, “pero desaparecieron los Al Capone”, remata Tomas Eloy Martínez. Estas propuestas hay que discutir.
Correo: sgb33@hotmail.com
16/febrero/2010
*Desafíos de la guerra contra el narco
*Periodismo, arma de interpretación
A Tomás Eloy Martínez. In memoriam.
En el último artículo de Tomás Eloy Martínez, publicado en el diario La Nación con fecha 09/01/2010, bajo el título “Los desafíos de la cultura narco”, abogó por la despenalización de las drogas. Un asunto que han propuesto otros intelectuales de la región latinoamericana como el mexicano Carlos Fuentes, el peruano Mario Vargas Llosa y el uruguayo Eduardo Galeano; al colombiano García Márquez, siempre lo “malinterpretan” los colegas de la prensa, pero dice que no apoya. Eloy Martínez, escritor de origen argentino que nació en Tucumán en 1934, y falleció apenas el 31 de enero del presente año, nos legó una amplia bibliografía como muestra de su ardua labor periodística, ensayística y literaria.
Muestras de su trabajo sobran. Su obra Santa Evita (publicada en 1995), donde aborda el mito argentino de Eva, la esposa de Juan Domingo Perón, que es considerada la novela argentina más traducida de todos los tiempos. Pero también destacan La novela de Perón (1985), La mano del amo (1991) y Las memorias del general (1996), una crónica de los años 70 en su país, donde aborda la parte “dura”. Los años recios de “la guerra sucia”, en los tiempos represivos de la dictadura que se instaló “de facto” el 24 de marzo de 1976, con el general Jorge Rafael Videla a la cabeza de la junta militar del autollamado “proceso de reorganización nacional”. El retorno de la democracia comenzó tras la elección presidencial de Raúl Alfonsín, el 10 diciembre de 1983.
En México participó, durante 1991, en la creación del periódico Siglo 21 de Guadalajara. En 2009 recibió —entre otros reconocimientos— el premio Ortega y Gasset de Periodismo por su trayectoria profesional. Pero desde 1996 fue columnista de La Nación en Argentina, y sus artículos se imprimieron también en The New York Times de EU, y en El País de España, entre otros. En este último, el artículo que ahora nos interesa salió publicado el 2/02/2010, casi un mes después, y a tan sólo dos días de su muerte.
Tengo entre manos una hermosa compilación de su obra. Es una “exhaustiva antología” publicada bajo el sello editorial de el FCE, con el título de La otra realidad, que reúne “fragmentos de sus novelas, notas periodísticas, relatos inéditos y críticas literarias desde 1960 hasta la actualidad (la edición es de 2006)”. En La otra realidad, el autor propone que “los hechos verdaderos no están necesariamente en conflicto con la invención”. Es más, que “las palabras pueden crear una realidad más verdadera que la realidad de los sentidos”. Y en el artículo apunta más allá: “Los novelistas van siempre un paso adelante de la realidad”.
Un precepto literario con un importante trasfondo filosófico. Muy aplicable al ejercicio periodístico y que no se contraviene en nada con la realidad, como sucede con algunas “teorías” que llegan como “moda” todo el tiempo en otras áreas como la teoría económica o la política. P.ej., los voceros del imperio, Francis Fukuyama con El fin de la historia y Samuel P. Huntington en El choque de civilizaciones, escribieron panfletos incendiarios. Libros útiles para justificar las invasiones de Estados Unidos a tierras musulmanas, y apropiarse de sus riquezas bajo “conspiración del imperio” como la destrucción de las Torres Gemelas, acusando de “terrorismo”. En fin.
La obra de Tomás Eloy sobresale como otra de autores que han brillado desde el medio periodístico hasta la literatura. Está el propio Gabo, en América Latina. El caso emblemático de Ryszard Kapuscinski. En el pasado brillan autores como Churchill y Hemingway. Para no referir a la corriente del “nuevo periodismo” que surgió en 1960 en EU con A sangre fría, de Truman Capote y otros. Pero los preceptos de objetividad no son muy distintos entre ellos: una reconstrucción de la realidad a partir de la invención de los sentidos, como apuntaba Eloy Martínez.
Sí, pero con la sumatoria de todas las herramientas y exigencias del oficio periodístico. La cultura como trasfondo. Además de lo que se lee diariamente, se percibe y se intuye, se piensa y analiza, se interpreta y arma a partir de los hechos mismos. La elaboración de la nota, la novela, el reportaje, se hace a partir de la información de primera mano. De rastrear los hilos del tema, sus indicadores y coincidencias, sus raíces —del tipo que sean— y su desarrollo. La parte histórica y hasta teórica, aquella que brinda el soporte desde la propia generalidad (por no decir la abstracción). Herramientas que, únicamente, se adquieren con talacha en el oficio. En ello se trabaja. Que se logre es otra cosa. Como el estilo, que deviene personal. Ese ya depende del autor. Del uso de la herramienta, de idioma. En fin.
En el balazo de “Los desafíos de la cultura narco” Eloy Martínez coloca: “Cuando el combate más efectivo es arruinarles el negocio”. La nota completa puede verse en: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1219932. Pero abunda en la necesidad de tirarles el negocio a los narcos. “Es el arma más efectiva contra los jefes del narcotráfico”. “No se trata de alentar el consumo, sino de controlarlo mejor, invirtiendo en campañas efectivas de salud pública”.
Porque, como en Colombia y México, países “donde la cultura narco se ha infiltrado en todos los aspectos de la vida”, y la guerra contra las drogas y el narcotráfico impregna buena parte de la literatura. En México abunda. Y cita a Fuentes: “Un empresario poderoso que observa cómo su país está siendo minado por los narcotraficantes en complicidad con la corrupción del poder, decide ganarles siendo más criminal que ellos en la novela del escritor mexicano Carlos Fuentes, Adán en Edén.
Porque: “Cada golpe al narcotráfico es devuelto con otro golpe aún mayor. Es lo que le ha ocurrido al presidente Álvaro Uribe en Colombia y ahora al presidente Felipe Calderón en México. Mientras tanto se destruyen personas, familias, pueblos, culturas. Cada día se hace más evidente que la guerra no es la solución al problema y que la única vía posible es enfrentarlo desde la raíz, es decir, desde la despenalización del consumo”. Como la Ley Seca en EU (1920-1933), no acabó con los borrachos, “pero desaparecieron los Al Capone”, remata Tomas Eloy Martínez. Estas propuestas hay que discutir.
Correo: sgb33@hotmail.com
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